domingo, 18 de diciembre de 2011

Haiku a París

 artista Ernest Descals Pujol

Dama de hierro
del arte enamorada,
busca su lienzo.


viernes, 16 de diciembre de 2011

El Guernika


Los aires, de negras sombras preñados
no dejan que la cordura amanezca
espantando mil sueños de paloma
volando, si, con lagrimas de  sangre.

Icono de brutalidad y llanto,
oscuridades de almas extraviadas
icono de Iberia, mi minotauro
roto por llantos en la madrugada.

Protector de lamentos de barbarie
de una madre, inocente protectora
de la invisible piedad destronada
gritos a un cielo frágil de memoria.

Brazos rotos por la espada traidora
con flores hastiadas de luto eterno
que  brotaran regadas por la sangre
de mis soledades y esperanzas.

Luz de mis gritos,luces de mi llanto
luz de ilusiones, las  luces que matan
a corceles espantados por sombras
luz con espinas, luces de mis llagas.

El viento no arrodilla a mis mujeres
se humillan ante el desvarío infiel
de castas sedientas de hemorragias ,
candileja que rompe democracias.

Calcinan hogares con azucenas
que ya imploran al cielo que amanezca
para que la nueva luz,   espíritus
acoja ,de esas almas caídas ,que sufren.


jueves, 8 de diciembre de 2011

La traición


¿Que queda después del trueno
cuando el gallo canta triste?.
la vida es volver hacia atrás
mirando vientos futuros.

A veces viento embustero
muchas veces traicionero
que almas doloridas deja 
y que el tiempo siempre sana.


martes, 6 de diciembre de 2011

El coloquio de las moscas



La siesta, la eterna siesta de nuestro  sur, que con las calores de agosto hace las tardes eternas, en una de esas largas y monótonas tardes,  dos moscas, Zaul y Calra, que así les dieron en llamar, sobre la vieja y deslucida  cortina que desde el bar mostraba sus rayas hacia la solitaria plaza, conversaban distendidamente.

- No veo la necesidad de cambiarnos de casa, aquí tenemos cuanto necesitamos, cambiar solo por cambiar no nos puede traer nada bueno, ya sabes como esta el mundo, le decía Zaul a su compañera .

- Pero yo quiero ver el mundo, estoy harta de vasos y platos y estoy harta de viejos que juegan cada día a las cartas, necesito aires nuevos que me den algo de vida, no lo aguanto esta situación es tediosa y triste, quiero ver las caballerizas reales, quiero ver los vertederos del mundo y los puertos de mar donde los pescadores descargan sus mercancía de vida para el mundo, respondía Calra, que de pronto en un arranque de rabia voló de las cortinas hacia un vaso semivacio  de café que había quedado olvidado en un rincón de la barra.

Zaul llegó al vaso y tomándose un instante para saborear los restos de azúcar que esparcidos quedaron en el plato donde reposaba el vaso, miraba a Calra y no llegaba a entender el porqué alguien quería cambiar una apacible vida por lo desconocido.

- Ademas, aquí nadie me entiende, nadie me habla, piensan que estoy un poco ida,  tampoco tengo padres, soy una mosca extraña en un mundo extraño para mi, se que tengo poco tiempo, mis padres han muerto y los padres de mis padres y los padres de mis ancestros, repiqueteaba momotona Calra.

- Quiero saborear, quiero oler, quiero sentir la vida a través de mis sedas sensoriales, quiero ser la mosca que pique a un caballo , quiero ser un espíritu indomable, quiero saborear las tiernas pieles de los niños ,aquí solo quedan pieles duras e insensibles, continuó Calra.

Zaul cada vez mas nerviosa movía sus patas rápidamente sobre el plato, incluso no vio una dulce roca de azúcar que quedó atrás, desde hacia mucho tiempo Zaul y Calra habían sido la pareja ideal e independiente del bar, prácticamente ninguna otra mosca se les acercaba, eran diferentes.

- Mira podemos hacer una cosa, esperamos unos días y si en ese tiempo mantienes la idea nos marchamos juntas, le espetó Zaul  en el secreto deseo de que pasados unos días Calra se olvidase del asunto.

- No, está decidido en un rato me marcharé, volare hacia donde se pone el sol y mañana, mañana  amanecerá un nuevo día en el que mis deseos mas íntimos se cumplan sin remisión, y está decidido marcharé, tanto si me acompañas como si no, afirmó Calra con contundencia.

Zaul que había sido siempre una mosca indecisa desde que nació no salia de su asombro, y solo pudo decir.

- Lo siento pero yo no lo veo claro, me da un poco de miedo, no me marcharé de aquí, aquí tengo cuanto deseo, cuanto necesito.

En un arranque de furia Calra levantó el vuelo y como si quisiese despedirse de su monótono mundo, voló y voló por la estancia del bar, por las mesas, silla, cristales cálidos por la cocina semi vacía  incluso se poso en el hombro del camarero un instante como si quisiese decirle adiós, que aunque mas de una vez le tiró un manotazo, en el fondo le tenia cierto aprecio.

Mirando a Zaul mientras volaba, con los ojos dijo Adiós, como solo las moscas saben decirlo un adiós para siempre.

Calra se coló entre las rendijas de la rayada cortina, lo primero que sintió fue una cegadora luz,  la luz del verano de Sur,  que la hizo posarse en el marco exterior de la puerta, estaba deslumbrada, durante un instante sus ojos se habituaron a la claridad y lo primero que vio fue un enorme perro que dormitaba a la sombra, sintió curiosidad y se posó junto en la oreja del animal, fue moviéndose poco a poco  en dirección al morro del perro, desde allí la verdad es que se veía la calle, solitaria, calurosa  calle de verano, nerviosa no dejaba de andar hacia la nariz del animal, cortos paseos de arriba a abajo.

De pronto el perro que parecía profundamente dormido hizo un movimiento rápido, muy rápido  tremendamente rápido que hizo que Calra acabase en la boca del perro que tranquilamente se la tragó y siguió dormitando a la sombra de la acacia.

Mientras tanto en el interior del bar Zaul , la mosca mas timorata, envidiaba a Calra, y ya había empezado a echarla de menos, sobre un trozo de azúcar soñaba en su amiga y las múltiples aventuras y los mundos nuevos que disfrutaría en su periplo hacia sus sueños y que Zaul  nunca disfrutaría  pero bueno el azucar también estaba en su punto....... 

domingo, 4 de diciembre de 2011

UTOPÍA


Yo soñé un día
y soñando soñaba
que un sueño encontraba
así fenecía mi utopía.

Aquella hora feliz
extraviados los demonios
no justifico testimonios
sobresale el desliz

Te busco quimera
donde te hayas mi ilusión
si tanteo con pasión
fantasía la primera

Nado, busco esa nave
cada brazada mas lejos
cerca, lejos, como reflejos
quien posee la llave.



Yo soñé un día
y soñando soñaba
que un sueño encontraba
así fenecía mi utopía.

Alucinación mia
donde caminas sola
acaso buscas compañía
sueñas acaso poesía.

Vigila el sendero
supervisa tu lazarillo
no debe ser sencillo
aquí no manda el dinero


Yo soñé un día
y soñando soñaba
que un sueño encontraba
así fenecía mi utopía.

Donde estas
dame respuestas
lugar que no existes
paraíso que te resistes.


Pero no llegaré
aunque lucharé
siempre día a día
por cumplir mi utopía.


miércoles, 30 de noviembre de 2011

miércoles, 23 de noviembre de 2011

La vida con la muerte


Donde la vida, la muerte
donde la muerte, la vida
juntas caminan cada día
juntas ríen  y juntas lloran.

Mira esa mi  higuera en flor
hoy canta a la mañana
mañana llorara al ayer
de los frutos olvidados.

Mira esa casa rendida
a desgracias y suspiros
mañana gozará, buenos
sueños cumplidos sin sombras.

Mira las eternas moscas
que plenas de vida alada
de la negra muerte viven
a la que adoran con fruición.

Mira esa iglesia en domingo
si una puerta ríe bautizos
la otra siempre entierros llora 
 el cura ,a ambas adora.

 Mira  el poeta  sus cuartillas
en un verso va la vida
al siguiente la muerte ve
y a veces ambas se aman.

Donde la vida, la muerte
donde la muerte, la vida
juntas caminan cada día
juntas ríen  y juntas lloran.





martes, 22 de noviembre de 2011

El abuelo





El sol acariciaba con dulzura el dorado y arrugado rostro de Luis, era una tarde de otoño extrañamente calida para la fecha, Luis miraba distraídamente las fuentes del parque que parecían gritar a los sentidos asomando las gotas de agua entre las  luces de una tarde que camina al ocaso entre rumores y ecos de silencios. Entre las viejas tejas del viejo pabellón, los gorriones aman con brevedad  y rezan porque los milanos sigan mirando los azules cielos mientras el cortejo conquista aleros.

También  los amantes caminan por las sendas a veces perdidas otras  buscadas entre las pasiones desnudas y siempre  esperan el éxtasis más prodigioso. Cuantos risueños besos robados que frágiles carabelas en un mar arbolado por la incomprensión, vehemente frenesí de enamorados. Y los niños, a Luis le gustaban los niños, los reyes que  juegan ajenos al voraz mundo ceñidos por severos cipreses entre aromas de gallardas rosas. Conquistadores de alegrías, domeñadores de ilusiones  como capitanes de navíos descubriendo los océanos.

Y los ancianos, Luis no se consideraba un anciano, en su mente calificaba a cada uno de los que pausadamente cruzaban el parque, yo soy mas joven, ellos están peor que yo, pensaba Luis,  los ancianos , conciencia de un mundo que a veces no vislumbran fundidos en los recuerdos. Melancolía por el presente, añoranza por el pasado,  lagrimas por la amada, llantos de amapola solitaria   y todo en esa pausada y bella tarde de estío aromatizada por jazmines, azucenas, rosas, hierbabuena y rodeado de olivos, el parque le  alegraba, no sabría describirlo pero tenia un sensación especial.


 Hacia ya casi una hora que el anciano miraba ávidamente el  reloj, la dictadura del tiempo, que desesperante era la espera, estaba nervioso, era la primera vez que Martina le permitía pasar la tarde con Sara, Sara...., como disfrutaba Luis solo con pensar en el nombre de la pequeña, nunca había llegado a  perdonar  al calzonazos de su hijo por hacer caso a Martina y no haber puesto a su nieta el nombre de Rosaura, como su abuela, como echaba de menos a Rosaura, esa si que era una mujer de verdad y no su nuera, que no le permitía acercarse a la pequeña tanto como quisiera, pero bueno pensaba Luis,  por lo menos esta tarde estaré un rato con ella, quería ver los ojos de la niña cuando le entregase la pequeña marioneta que compró en el mercadillo de antigüedades, esa visión le hacia olvidar viejas rencillas familiares.

-         Le gustará, seguro, pensaba Luis, todos los niños gustaban de ver las marionetas, aun recordaba cuando al pueblo, cada verano, llegaban los tirititeros, a su memoria volvía una y otra vez, la risa, risas de niños sorprendidos, cuando el lobo o el malvado de turno recibía los golpes al final de teatrillo.

Mecánicamente, miró el reloj, nunca le había caído bien Martina, ya en la organización de la boda Cristóbal les anunció que no invitarían a los primos amén de que la boda era especial y todos deberían de ir de rigurosa etiqueta.

-         Valiente señoritinga, le repetía a Rosaura, que en aquellos ajetreados días ,  resignada miraba los escaparates, buscando no sabia muy bien que, para no quedar mal a ojos de su nuera, esto ponía de mal humor a Luis que no entendía porque su hijo no ponía coto a la caprichosa de su futura mujer.

Luis había vivido siempre en el pueblo, la mina, esclavo de la mina,  trabajó duro, había sido padre de tres hijos teniendo la desgracia de haber enterrado a dos de ellos, como recordaba a Luisito, el mas pequeño que se lo llevó la polio, aquella malvada enfermedad que torturaba cuerpo y mente antes de matar y Enrique el mayor, que terrible cuando Rosaura recibió la noticia del accidente de boca del capellán de la mina, a partir de ese momento, ya nunca fue la misma, aunque era como pedernal, en sus ojos se asomaban los recuerdos cuando frente a la lumbre quedaba como hipnotizada , de sus ojos brotaban las lagrimas, Luis siempre lo supo, Rosaura nunca superó las muertes  y poco a poco la vida se le escapaba entre tristeza y dolor disimulado, hasta aquella noche que en silencio cruzó el Aqueronte, Luis, en vida,  nunca recriminó a su esposa nada, pero aquella noche en silenció maldijo a todos los dioses del firmamento y por primera y ultima vez la  recriminó.

-         El trato, no has cumplido el trato,........ Yo iba primero, resonó en el silencio de la habitación vacía.


Las palomas revoloteaban perseguidas por dos pequeños que reían y gritaban de jubilo , con la mirada perdida, mirando a los chicos pero sin realmente verlos,  Luis, sentado en el banco recordó aquella primera tarde que pasó con Sara y aunque solo fuera porque Martina y su hijo no tenían con quien dejarla en su visita semanal al consejero matrimonial, a Luis  no solo no le importaba sino que en cierta forma le alegraba, aunque nunca llegó a entender como el idiota de su hijo consentía en contar interioridades de su matrimonio a otra persona y además pagando un dineral, culpaba a su nuera de tantas modernidades.

Luis observaba en las breves visitas que hizo a casa de  su hijo como su nuera no le dejaba nunca a solas con Sara, la pequeña se alegraba  cuando Luis le alcanzaba los pequeños juguetes a aquella pequeña prisión como le llamaba  al pequeño parque donde Sara estaba recluida cada día, Luis se moría de ganas de coger en brazos a la niña, pero su nuera ya le dijo que tenerla en brazos era contraproducente para su evolución psicológica.

- Cuantas estupideces, mascullaba entre dientes Luis,  Rosaura siempre tenia en brazos a sus hijos y se criaron sanos y fuertes y aunque el anciano nunca tuvo mucho tiempo para coger en brazos a sus hijos ahora le molestaba que le prohibiesen coger a la niña. Cristóbal era un buen hijo pero cuando estaba Martina delante, era como si se diluyese como  una galaxia  absorbida por un  agujero negro como disgustaba a Luis el ver a su hijo callar permanentemente ante las exigencias de su mujer.

Aun recordaba cuando a la semana exacta de jubilarse, Don Martín, el medico de la mina le dijo que tendría que hacerse pruebas , no le gustaba imagen que veía en la radiografía, el medico de la mina  nunca fue diplomático, directo como un derechazo en la mandíbula, fue el comienzo del calvario, de medico en medico, ahora un especialista, ahora un análisis,  una y otra prueba y  todo para confirmar lo que Luis presentía, la mina había dejado en su cuerpo  una bomba de relojería.

Pero ahora no importaba, ni Don Martín, ni Cristóbal, ni tan siquiera Martina, solo le importaba su nieta, la pequeña Sara, los ojos de la ilusión de una pequeña, unos ojos con avidez de futuro, unos ojos ávidos de fantasías y Luis por primera vez en su vida no necesitaba un interprete para oír a la niña, la entendía a la perfección. De pronto los ojos tristes del anciano recobraron un brillo especial, al final del camino junto a la reja de entrada del parque, en la lejanía  vislumbró a Sara de la mano de su madre, el corazón, notaba como el corazón se aceleraba por momentos, de pronto recordó que esa sensación fue la misma que tuvo el día que besó por primera vez a Rosaura, estaba nervioso y con su mano derecha apretaba la pequeña marioneta.

El tiempo parecía haberse detenido, unas pequeñas nubes oscuras cargadas de humedad hacían que el sol se filtrase entre sus claros y la imagen que los ojos de Luis percibían, era casi paradisíaca, un cielo luminoso y unos haces de luz atravesando limbos, hacían que las figuras de madre e hija resaltasen como claroscuros, una fotografía en lento y pausado movimiento.

Poco a poco madre e hija se acercaban al banco donde Luis, nervioso, aguardaba de pie la llegada de su más preciado tesoro, su nieta, su única nieta la que le daba la felicidad de una vejez cansada, solitaria asomando leves  lagrimas en unos  ojos rotos por la derrota del tiempo, por el  rocío de los recuerdos fundidos y  evaporados en soledades.

Algo no iba bien, la pequeña llevaba entre sus brazos una pequeña marioneta, Luis miró la que tenia en su mano era exactamente igual, el anciano no entendía nada, no entendía porque su nieta no corría a abrazarle como en otras ocasiones y su nuera, Martina estaba muy seria, intentaba sonreír y alegrar a la pequeña pero Sara apenas la escuchaba esta ensimismada con la marioneta, al llegar al banco ni saludaron al anciano.

-          ¿Es este banco, verdad mama?

-          Si cariño, este es el banco en el que el abuelo nos esperaba cada tarde, respondió Martina con voz algo entrecortada.


Sara, pausadamente sentó a  la pequeña marioneta en el frío hierro del banco y tomándola por la madera en cruz que sostenía las cuerdas, comenzó a manejar el juguete con una soltura impropia para la edad.

-          Mama ¿El  abuelo será feliz? Espetó Sara a su madre y sin dejar que respondiese continuó.
-          Tú crees que el cielo le gustará.

Martina miraba a Sara, le sorprendía la entereza con que Sara había asumido la muerte de su suegro.

- Dios Mio........


Luis de pronto entendió, la vida pasó en un segundo por su mente de pronto sintió helarse el alma, epilogo de camposantos de orgullo, donde moran ilusiones de dioses cercanos recuerdos  como  truenos lejanos.

- Ya   solo seré  recuerdo.......

Poderoso dueño fuiste, halcón entre bellos cisnes,  caminante de sendas que siempre  conducen  a la muerte, la muerte la cercana, la conocida la que nos  acompaña en el camino de vuelta,  hacia la eternidad.

El viento, pausado, rozaba las copas de los cipreses, Sara miró al cielo, al azul tímido de la tarde,  una lagrima humedeció su blanca faz.

domingo, 20 de noviembre de 2011

El viejo elefante



Esos  vientos de los tiempos
gloría, glorías del pasado
que soñaron  una vida, 
 luces que caen lentamente.

Camina ya, caminante
tu camino ya alborea
amanece ese nuevo día
donde el telón caerá firme.


Lagrimas , los ojos rotos
por la derrota del tiempo
 el rocío de los recuerdos 
se evapora en soledades.


Camina ya, caminante
 Solitaria es la soledad
pero tu paso firme  fue
y firme tu final será.


Sentirás el frío en el alma 
cuando vivas tu epilogo
el camposanto de orgullo
donde moran ilusiones.


Camina ya, caminante
Alejado por tus hijos
cambias lirios por acacias 
las espinas por placeres.


Seras Dios en el recuerdo,
seras alma donde vayas,
seras un trueno lejano,
y  solo seras recuerdo.


Poderoso dueño fuiste
halcón entre bellos cisnes, 
oh caminante de sendas
no vencerás a la muerte.




jueves, 10 de noviembre de 2011

viernes, 4 de noviembre de 2011

Ensueño



Porque me cierras tu puerta niña
si el rojo cielo no me dejas ver
sonidos y destellos han de caer
pesares perdidos en la riña.

Quiero contarte de nuevo mi amor
quiero que tu sepas lo que no sé
quiero que digas lo que no digo
sueños en el camino impostor.

Si, revolotea ave de alas blancas
tu ,si has de encontrar tus anhelos
olvidemos esclavos anzuelos
neguemos  existencias estancas. 

Cuando el río fue caudaloso
donaba vida en la orilla
 la sequía, revela arcilla
barros ,sinsabor brumoso.

A veces un viento fresco
la cálida arena amansa
así el rayo no descansa
desde el temporal dantesco.

En mi ventana te haré un nido
para cobijarnos del temporal
yace en mi suave nido, ave boreal
que mi amor no esta jamas dormido.

El invierno si morirá
en la verde primavera
cuanto verde, esa bandera
esos cantares por solea.

Ayer noche tuve un sueño
sueño, anoche te vi cantar
canto, anoche si te oí llorar
lloro, anoche fui tu ensueño.