domingo, 22 de octubre de 2017

Pasodoble



Tiene España un tesoro
Que vale más que el oro.
Suena la memoria del tiempo
Como bello mancebo enamorado
Saludando a ricos y pobres,
Habitando palacios y praderas,
Grandes salones, carpas de lona,
Hermosas o humildes casas,
Para deleite de enamorados.
Tiene España un tesoro
Que vale más que el oro.
Himnos que han unido
En combates de notas
Corazones desde el alba,
Humildes bandas de pueblo,
O sinfónicas del mundo,
Infinita y gloriosa cadencia.
Tiene España un tesoro
Que vale más que el oro.
Unido al valor del toreo
Da lustre a la bravura
Porque el arte no humilla,
Forja leyendas de un pueblo
En las tardes de fiesta,
Hermosa música hechicera.
Tiene España un tesoro
Que vale más que el oro.
He visto lágrimas de orgullo
Al son de “Paquito Chocolatero”
Porque
Tiene España un tesoro

Que vale más que el oro.




Volar mas alto



Volar más alto,
Escribiremos nuestro futuro
Con  pequeños gestos
Entre pasos firmes,
A veces titubeantes,
Muchas veces buscados,
Otras, simplemente  obligados.
Volar más alto,
El día vuelve tras cada noche
Volviendo  nuestros pasos
Al camino marcado,
Como cartas de una partida
De póquer entre tahúres
Que nos imponen veredas.
Volar más alto,
Es cuanto deseamos,
Aunque a veces la altura
Nos deja sin ver mundos
Que desapercibidos
Mueren entre silencios
Olvidados.
Volar más alto,
Ese es nuestro destino
Y quizás el único fruto
Que leguemos a nuestros mundo,
El tiempo pasa, sin pasar
Encerrado en esferas
De cristal,

Pero indefectiblemente, pasa., 


miércoles, 18 de octubre de 2017

Paisaje



Sobre el cerro pelado
Asoma San Roque,
Balcón de piedra forjado,

Viejos pinares
Que susurran a los vientos,
Altos cipreses
Que acarician las brisas,
Se acuesta el sol,
Sobre elevados muros
Y una estela de plata
Que camina sin caminar,
Entre soleares,
cuevas encaladas,
Higos chumbos,
Y grillos que despiertan.
Luna, luna,
La luna despide al sol
Luna prestada,
Luna de amores,
Amores que vendrán
Como la luz de cada día.

La Cordobesa.




Ojos de Córdoba,
Ojos de la sultana,
Ojos del amanecer,
Candil y guitarra
A los pies del Guadalquivir.
Aquella noche la luz
Soñó que era fandango,
Soñó que soñaba
Miradas de jazmines,
Tristes ópalos negros
Que en mi alma se posaban.
Por la ribera camina la jaca
Suenan cascos apagados,
Ya llega junto al Arcángel
La luz de la primera luna
Y el bullicio del palomar.
Tus ojos están húmedos
Como corza desvalida
En el tapial de las ermitas,
Ya llega la noche,
Ya se oye la guitarra
Entre aromas de clavel
Y efluvios de buen vino,
A los ojos de Córdoba
Ya reina la sultana,
La de los ojos soñadores
que sobrevive los tiempos

Acariciando una guitarra.


Desde mi balcón



Veo cómo se marchita la albahaca
Durante las soleadas mañanas
Y como vuelve a renacer cada tarde,
Aromatizando las puestas de sol
Junto a una pléyade de vencejos
Que cruzan el viento con elegancia,
Es un baile sin fin en el tiempo,
Siempre amenizado por sonidos,
Sonoras voces de aquí y de allá,
El trasiego perenne de los gorriones
El grillo que empieza su jornada,
El zumbar de los ávidos mosquitos,
El mar que se bate en las arenas
Con esa, su melodía lejana
Y las cotorras esas inmigrantes

Que tras  un largo día, por fin callan.


viernes, 4 de agosto de 2017

En la orilla



Por el río caminan mis ojos
Por el gran río.
Qué hermosa es la Adelfa
Y cuanta maldad por sus venas.
Flores rojas, Flores rosas,
La Alameda se esconde
Detrás de la cortadura
Remanso y paz del silencio.
Por el río caminan mis ojos
Por el gran río.
Una víbora de aspecto frágil
Baila en el polvo del camino
Sonámbula y muy fría.
Con vientos ausentes
En la ardiente tarde,
Chopos en cautividad. 
Por el río caminan mis ojos
Por el gran río.
Una abigarrada fila de hormigas
Cuál ejército bien mandado
Vuelve de tierras segadas,
El grajo discute con una Paloma
Entre altos peñascales,
Por un grano de trigo perdido.
Por el río caminan mis ojos
Por el gran río.
Una carpa curiosa
Sueña un bello salto
Camino de la tarde,
Las ondas mueven su mundo
Y el río sueña con remos
Que hoy, solo suspiros son.
Y mis ojos que no me mienten,
Me dicen que estoy viendo
El más bello río
Por el que caminan mis recuerdos.
 
 

La gaviota perdida



Una gaviota se ha perdido
Por la silla del rey Moro
Y es el viento de poniente
El que así lo ha querido.
Por la colina van sus ojos
Por la colina se van.
Posada en un saliente
Quieta y perdida está,
Está viendo caer el sol
Que pintando de rojo va
Los jardines del Partal.
Mira al cielo y la tierra
ya echa de menos el mar.
Por la colina van sus ojos
Por la colina se van.
Ya va cayendo la noche
Encendiendo las estrellas
Que le recuerdan al mar,
Ya no quiere volver a volar
La gaviota hacia el mar
Y es el viento de poniente
El que así lo ha querido
Que muera deleitándose
Muy lejos de su mar.
Por la colina se van sus ojos
Por la colina se van.
 
 

El ribazo



 
Las malvas no impiden los sonidos,
tras ellas y unos cardos resuenan
En el templo que baña la primavera
 las voces que agitan cada tarde.
Entre limbos confusos que anuncian
Tímida lluvia el sendero escabroso
Sube, entre frondosas alcaparras
Que colonizan el vetusto muro
Mostrando los frutos deseados,
bien pagados por alguna taberna.
Al final de la útil fatiga se revela,
Aparece el campo de los sueños
Que en otros tiempos adoramos,
Campo de virginal fragancia
Donde los juegos  de un niño
Cada tarde nacen viven y mueren.
Vuelan las limas, como puñales
Horadan la tierra húmeda, mojada,
Pasan las horas, pasan las tardes,
Raudas , como son las tardes del sur.
De improviso, la fina lluvia avisa,
La lima debe dormir, hierve la sangre,
El final de la tarde se acerca veloz
Bajar el húmedo, mojado "resculidero"
Hasta el camino de vuelta a casa
Ese es el reto de juveniles pasiones,
Y cuantas veces manchada la dignidad.