viernes, 4 de agosto de 2017

En la orilla



Por el río caminan mis ojos
Por el gran río.
Qué hermosa es la Adelfa
Y cuanta maldad por sus venas.
Flores rojas, Flores rosas,
La Alameda se esconde
Detrás de la cortadura
Remanso y paz del silencio.
Por el río caminan mis ojos
Por el gran río.
Una víbora de aspecto frágil
Baila en el polvo del camino
Sonámbula y muy fría.
Con vientos ausentes
En la ardiente tarde,
Chopos en cautividad. 
Por el río caminan mis ojos
Por el gran río.
Una abigarrada fila de hormigas
Cuál ejército bien mandado
Vuelve de tierras segadas,
El grajo discute con una Paloma
Entre altos peñascales,
Por un grano de trigo perdido.
Por el río caminan mis ojos
Por el gran río.
Una carpa curiosa
Sueña un bello salto
Camino de la tarde,
Las ondas mueven su mundo
Y el río sueña con remos
Que hoy, solo suspiros son.
Y mis ojos que no me mienten,
Me dicen que estoy viendo
El más bello río
Por el que caminan mis recuerdos.
 
 

La gaviota perdida



Una gaviota se ha perdido
Por la silla del rey Moro
Y es el viento de poniente
El que así lo ha querido.
Por la colina van sus ojos
Por la colina se van.
Posada en un saliente
Quieta y perdida está,
Está viendo caer el sol
Que pintando de rojo va
Los jardines del Partal.
Mira al cielo y la tierra
ya echa de menos el mar.
Por la colina van sus ojos
Por la colina se van.
Ya va cayendo la noche
Encendiendo las estrellas
Que le recuerdan al mar,
Ya no quiere volver a volar
La gaviota hacia el mar
Y es el viento de poniente
El que así lo ha querido
Que muera deleitándose
Muy lejos de su mar.
Por la colina se van sus ojos
Por la colina se van.
 
 

El ribazo



 
Las malvas no impiden los sonidos,
tras ellas y unos cardos resuenan
En el templo que baña la primavera
 las voces que agitan cada tarde.
Entre limbos confusos que anuncian
Tímida lluvia el sendero escabroso
Sube, entre frondosas alcaparras
Que colonizan el vetusto muro
Mostrando los frutos deseados,
bien pagados por alguna taberna.
Al final de la útil fatiga se revela,
Aparece el campo de los sueños
Que en otros tiempos adoramos,
Campo de virginal fragancia
Donde los juegos  de un niño
Cada tarde nacen viven y mueren.
Vuelan las limas, como puñales
Horadan la tierra húmeda, mojada,
Pasan las horas, pasan las tardes,
Raudas , como son las tardes del sur.
De improviso, la fina lluvia avisa,
La lima debe dormir, hierve la sangre,
El final de la tarde se acerca veloz
Bajar el húmedo, mojado "resculidero"
Hasta el camino de vuelta a casa
Ese es el reto de juveniles pasiones,
Y cuantas veces manchada la dignidad.
 
 

Silencios




Hay silencios callados,
Silencios que gritan,
Silencios que aman,
Silencios que duelen,
Silencios que ríen,
Silencios obligados,
Silencios de cobardía,
Silencios responsables,
Silencios de uno en uno,
Silencios encadenados,
Pero sobre todo hay
Silencios que construyen
infranqueables murallas.

Agosto 1968


 
 
Oigo  el reloj de la tarde
Avanzando lento, pausado,
Solo las tardes de agosto
Se consumen exasperantes ,
Tardes de moscas y cigarras,
Tardes de silencios y mantas,
Amantes de los frescos suelos,
Tardes de risas apagadas,
Tardes de alborotos silenciados,
Tardes de tebeos prestados,
Oigo el reloj de la tarde
De un domingo cualquiera
Avanzando con tozudez,
Huele limpia la yerbabuena,
gotea melancólico el grifo,
Solo una voz apagada
Despierta la tarde aletargada,
" Hay helados"
 
 
 


Tire la piedra al río
Para observar las ondas
Alcanzando la orilla,
Vi reflejados tarajes,
Adelfas  rojas y blancas
Junto al embarcadero
Que un día fue Portus.
Las concéntricas ondas
juegan con mis sentidos,
El metálico ferró bus
Se asoma entre eucaliptos
Parece detenido el tiempo,
Avanza monótono, con lentitud,
Rompiendo la tarde de agosto,
La silenciosa tarde de verano
Solo profanada por grajos
Y algún cuclillo, cuyo eco
Rebota en la roca cortada.
Sigo mirando las ondas
Se pierden en la otra orilla,
Silenciosas, solo cortadas
Por un viejo tronco de álamo
Que navega casi hundido.
Así avanza nuestro destino
A veces en calma pero seguro,
Como las ondas formadas
Cuando tiras una piedra al río.


Juncos,eneas  y carrizos
Ríen  en la noche que se va
En una noche, que tiembla,
una noche que es pensamiento,
Una noche de luz en la oscuridad,
Sueños, viviendo eternos las horas,
Luciérnagas que brillan sin luz.
Juncos, eneas  y carrizos
Seguirán meciéndose al viento
La eterna felicidad acechada,
A veces prisionera de realidad,
A veces solo espejismos del alma
Pero siempre mecidos al viento
Hasta la muerte de la noche
Mirando estrellas que huyen
De un firmamento imposible
Que gira sin acusar cansancio,
Impregnado del frescor y aromas
De juncos , eneas y carrizos
Que soberbios ornan el arroyo.
 
 

domingo, 16 de abril de 2017

Sensualidad pétrea



Oigo tu cuerpo,
Soñando seductor en la distancia, 
Sintiendo que atraviesa mis sentidos,

Oigo tu cuerpo,
Vibrar con el contacto de mis ojos,
Alimentándose solo de mis sentidos,
Oigo tu cuerpo,
Mostrando señales que me han de guiar
Por los senderos que desde tu nuca
Me han de llevar a esas hermosas, 
Húmedas costas, donde habita la ilusión 
Oigo tu cuerpo,
Cubierto por mis manos que acarician ,
Sintiendo como se erizan pieles sedosas,
Puertos infinitos que reposan entre satenes
Incitando a desterrar, rudas monotonías,
Oigo tu cuerpo,
Tatuando sobre mi piel tu aroma de mujer,
Los besos dados, deseados, los olvidados
Y Cada instante me desnudas sin tocarme
Plantando la semilla de tu universo sobre mi,
Oigo tu cuerpo,
Bella y triste, tú alma inexplorada, 
Playa luminosa donde se forjan sueños
Y adicciones permanentes en el tiempo.