viernes, 4 de agosto de 2017

El ribazo



 
Las malvas no impiden los sonidos,
tras ellas y unos cardos resuenan
En el templo que baña la primavera
 las voces que agitan cada tarde.
Entre limbos confusos que anuncian
Tímida lluvia el sendero escabroso
Sube, entre frondosas alcaparras
Que colonizan el vetusto muro
Mostrando los frutos deseados,
bien pagados por alguna taberna.
Al final de la útil fatiga se revela,
Aparece el campo de los sueños
Que en otros tiempos adoramos,
Campo de virginal fragancia
Donde los juegos  de un niño
Cada tarde nacen viven y mueren.
Vuelan las limas, como puñales
Horadan la tierra húmeda, mojada,
Pasan las horas, pasan las tardes,
Raudas , como son las tardes del sur.
De improviso, la fina lluvia avisa,
La lima debe dormir, hierve la sangre,
El final de la tarde se acerca veloz
Bajar el húmedo, mojado "resculidero"
Hasta el camino de vuelta a casa
Ese es el reto de juveniles pasiones,
Y cuantas veces manchada la dignidad.
 
 

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