domingo, 16 de abril de 2017

Mañana de lluvia




Acaricia el viento las frondas copas , 
Esas, tus húmedas ramas doradas
En una mañana fría, monótona, gris,
calles soñadoras de reflejos otoñales.

Yo escucho como caen las hojas
en los abismos de los caminantes
como lagrimas de dolor estacional,
como infinitos amantes despechados.

No oigo los tiernos arrullos de las palomas,
el silencioso bullir de la monótona lluvia
apaga los alejados sonidos de la ciudad.
a veces silenciosos, a veces silenciados.

La vieja plaza asoma al final de la calle
reflejos brillantes en los cantos rodados
que amalgaman mosaicos del pasado
rememorando pretéritos juegos infantiles.

La lluvia, al besar el empedrado murmura,
"Ya estoy junto a ti, plaza de mis lamentos, 
como añoraba rozar las hojas de tus naranjos,
amar hasta el hastío el altar de tus fuentes."

Húmedos arriates que solo muestran la vida
de un viejo,enorme algarrobo de provincias
esparciendo libre, sus brácteas bronceadas
como un mullido colchón de generosidad.

Que hermosas son las mañanas de lluvia,
las que alejan a los caminantes al uso,
las que hacen solitarias las avenidas
las que van salpicando lagrimas de vida.

La ciudad muta en esos días de aguacero,
Y los amantes de tormentas buscan la luna
reflejada en tantas charcas de vida efímera, 
Instantes de belleza a ojos de caminantes.

Mañanas de lluvia, mañanas solitarias
caminos andados, remansos de paz.

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