lunes, 24 de agosto de 2015

La buenaventura




En el  azar esta repartido el amor
rey tirano y bien amado a la vez.
Ese  premio buscado por tantos
y por tantos silencios añorado,
solo basta un instante encendido,
unos ojos de pupila transparente,
 una mirada que despierte sentidos,
una sonrisa mecida por el silencio,
 un aroma entre calles empedradas, 
un deseo de lejanas y altas sombras,
 o una carta extraviada en un mazo
que a veces roza existencias dormidas,
 a veces rasgando frágiles carnes,
que bajando desnudas, a veces lloran,
y otras bien vestidas, sombrías brillan,
siempre ocurre al enlutarse la tarde
cuando las aves dormitan entre tejas.
A veces el futuro esta en el presente,
y el pasado, el pasado siempre queda
entre recuerdos,añoranzas y llantos,
En el  azar esta repartido el amor
rey tirano y bien amado a la vez.




La Buenaventura, Julio Romero de Torres..Sobre el alfeizar de una ventana, dos mujeres sentadas, de perfil . A la derecha, una de ellas, con atuendo popular y las piernas recogidas hacia atrás, no parece que consiga –ni siquiera mostrándola el cinco de oros– atraer la atención de la otra joven que descansa sobre el propio alfeizar, mientras su gesto denota una manifiesta melancolía que trasluce una preocupación amorosa.
Tras ellas, Córdoba, representada ahora por la casa y fuente de la Fuenseca, el Cristo de los Faroles y el palacio del Marqués de la Fuensanta del Valle, en cuya puerta aparece una mujer envuelta en un mantón rojo y recostada en el quicio, recurso compositivo que usará en varias ocasiones desde Mal de amores (Córdoba, Museo de Bellas Artes), de hacia 1905.Alinea, como telón de fondo, los edificios y el monumento, sin importarle que en realidad se encuentran muy alejados entre sí.
Y de nuevo, entre la buenaventura y el paisaje urbano del fondo, una escena abocetada y secundaria: una mujer que quiere retener a un hombre, en relación con el motivo principal de la pintura: el amor, o mejor, el desamor.


Es ésta una pintura de compleja lectura que quizá se podría resumir en la tristeza de una joven enamorada de un hombre casado –circunstancia de cuyo peligro le avisa la echadora de cartas–, al que en segundo plano intenta retener su esposa, quedando ésta abandonada, en un tercer plano, en el quicio de la puerta.
Analizando la composición y el tema de La Buenaventura se hace necesaria la comparación con otras obras de Romero de Torres, lo que lleva a considerar el valor de la «repetición» en la pintura del maestro cordobés. La primera repetición se da en el propio título, pues se menciona entre sus pinturas otro lienzo igualmente conocido como La Buenaventura.





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