domingo, 14 de junio de 2015

Agosto



Abierto el cielo, el  brillante soberano
amamanta iras  de ardiente, joven luz
que dona granos y tórridas siestas 
amenizadas por la monótona cigarra.

Calles solitarias, calles ardientes
entre tiranías de sombras menguadas,
calles polvorientas, calles calladas
amenizadas por la monótona cigarra.

Hay tardes en las que naufrago sueño ser,
una isla perdida, brisas, azules y verdes,
una palmera en el horizonte y un velero
en la vidriada lejanía de mis pupilas.

Ya llega la tarde, ya huelo la tierra mojada,
apagados los ardores de una tarde de estío
tan  febril que  cuando la sombras crecen
las brisas transitan combatiendo desalientos.

Si la cigarra reposa 
y la noche amordaza 
esas, las persistentes lucernarias de agosto 
casi sin tregua, el grillo comienza su reinado,
solo roto por por la mordaza del cansancio.

Mares de estrellas, bandadas de Perseidas
deleitan las nocturnas, sombrías oquedades, 
hasta que la  delicada aurora peregrina
rescata tenues luces a la noche estrellada..

Entonces las alondras cantan a la alborada
recolectando trinos en las frescas higueras,
junto a fragancias preñadas de hermosura
que van despertando a la monótona cigarra.


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