miércoles, 18 de febrero de 2015

La gracia




Ya suspira y llora la blanca azucena
junto a los cipreses de San Rafael,
unas alas rotas que no reflejan luz
ni sombras, solo lagrimas ahogadas
en presagios de mundos temblorosos.
Desnudos,intrincados páramos de nadie
que junto a deseos antiguos y ciegos
marchitan frágiles sueños prisioneros,
liberados junto a palabras traicioneras,
afrentas,  locuras amargas y olvido.
Podrá ese puñal horadar las sedosas,
las pálidas aguas cristalinas sin fuerza,
pero no podrán con arboles de sueños
ni doblar suspirantes varas de azucenas.
Cuan lejanas quedan las alamedas del río
entre remolinos de incertidumbres
obstinadas y melancolías entreabiertas,
que caminan entrelazadas entre trinos
de ruiseñores y otros pájaros de ribera,
suspiros y llantos de blancas azucenas.



La Gracia.(Julio Romero de Torres): Junto con El pecado y Las dos sendas forma parte de una trilogía sobre el tema del amor místico y el amor profano con la mujer como protagonista de esta dualidad. Para ello utiliza la misma modelo que en el El pecado, cuadro complementario y sin el cual no es posible entender en su totalidad esta obra. 

En este lienzo de 1915 se observa el descendimiento de una joven desnuda que es recogido de forma sutil por dos monjas. Justo detrás y en el centro una anciana, símbolo de la sabiduría, se mantiene en actitud redentora y parece perdonar a la mujer que acaba de perder su honra. A la derecha, una joven vestida de negro llora mientras sostiene en una de sus manos una vara de azucena, símbolo de la pureza perdida. Al fondo un paisaje imaginario lleno de luz y de contrastes verdes y azules con el cementerio de San Rafael a la izquierda, la iglesia de la Fuensanta, el río Guadalquivir, la Calahorra y el Campo de la verdad, el Puente Romano, la Mezquita y su torre, la fachada de la iglesia de Santa Marina, San Lorenzo, el paisaje arquitectónico de Córdoba y Sierra Morena. 

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