domingo, 5 de enero de 2014

La ventana de la casa verde


Cuando me paro en medio de mis pensamientos
y observo la solitaria ventana olvidada,
los recuerdos vuelan como nubes en tormenta
descabalgando peregrinas gotas de agua que
resisten en las caducas hojas del viejo chopo.

Recuerdo aquella tarde de invierno cuando la lluvia
empapaba los cristales de la vieja casa verde,
aquella humilde casa de la pequeña plaza, 
era una calle perdida, era una ciudad olvidada,
vi a una niña a través de los acuosos cristales.

Siempre fui y seré el mejor amigo de la lluvia
pero aquella tarde las gotas me impidieron
ver el rostro mas hermoso que mis ojos recuerdan,
la niña, la niña de la casa verde a la luz de la tarde,
dorada luz que resaltaba la calidez de la inocencia.

Pasó el invierno , pasó la primavera y el verano

y cada tarde a la luz del crepúsculo, la niña,
la niña de la humilde casa verde asomaba 
su blanca faz a través de los cerrados cristales,
siempre con mirada ausente, solo mirada ausente.

Llora una niña, llora una tarde, llora una vida,
el tiempo se va descomponiendo con esas lagrimas,
la niña me miró aquella tarde, y vi una sonrisa,
una sonrisa de paz, cuando la luz huía desolada
entre ilusiones y flores oscurecidas por la noche.

Quien suspira entre auroras, es la niña de la casa verde,

tarde tras tarde, entre luces y sombras que pasean
¿quien puede dejar de mirar?, me siento perdido sin la mirada
de un solo día, la vida es hermosa, y la vida es triste
pero ayuda la mirada de cada tarde, la mirada de cada día.

Y llegó, llegó  un  nuevo invierno, un mal invierno del sur

 aquella tarde, la blanca cara de la niña se ausentó del cristal,
llegó, llegó  un  nuevo invierno, un mal invierno del sur,
días cortos, largas noches y ausencia, ausencias de sueños
Ausencia de belleza, ausencia de caminos, ausencia de vida.

Y paso, paso el invierno , y la ventana sola quedó

llegaron la amapolas, las golondrinas y la primavera
Llegaron nuevas vidas, llegaron nuevas luces vertidas,
pero faltan los suspiros entre las auroras y gotas de rocío
y falta la niña de la ventana de la casa verde.

Ya no llora una niña, no llora una tarde, no llora una vida,

las lagrimas derramadas  entre los olvidos, olvidadas fueron
y ya casi nadie mira a la ventana, a la vieja ventana de la casa verde
porque  entre ilusiones perdidas y entre flores blancas y dulces
se asienta el olvido de caminantes, se asienta la vida misma.

Y todo  llegó, llegó  por  un mal invierno, un mal invierno  del sur...

  


1 comentario:

SILOE dijo...

Un placer pasar por tu letras...
Reme.