viernes, 1 de febrero de 2013

Laberintos




A veces me canso de estar aquí
en la mitad del camino de la esperanza,
donde
el tiempo se fue entre silencios olvidados.
Cuando gastas la vida sin saborear sus fragancias
los años se hacen cortos, como noches de invierno
golpeando con saña las puertas del tiempo,
y así se fusionan las sombras con los sueños,
esos
latidos del pasado que tornan en recuerdos,
ese instante en el que ya,
no asusta el morir, y no asusta el vivir.
La vida la negocian los ganadores
ofreciendo a cambio a los perdedores,
en esas
guerras que se tejen en las distancias,
entregando invisibles almas al olvido
de la mano de falsos profetas,
así
ocultando las verdades de la piedra,
disfrazando los labios con sonrisas vacías.
Cuando pase la tormenta venidera
mira los cielos, solo rotos por nubes errantes
no habrá dolor en el horizonte cercano
y
los vientos oscuros y los negros augurios,
esas
monotonías de horas desconsideradas
renunciarán a las noches embrujadas
atormentándose con los desprecios
del que
nunca quiso llorar, nunca pudo reír
en los eternos laberintos de barro.
Poco a poco
se acaba la suerte fingida de los corazones
poco a poco
las almas acaban nadando entre océanos,
porque
no existen lados oscuros, laberintos eternos
solo
 los creamos a nuestra imagen.





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