viernes, 19 de agosto de 2011

La fuente del Duque


La chicharra, reflejando sonidos
en esas soledades de blanca cal
ansiando sombras de una plaza ducal
cantando a nardos y miramelindos.

Tarde de estío que arroje los rumores
de esas aguas que murmuran al pinar,
tibias brisas que la tarde donara,
la siesta camina por los Alcores.

Perlas cristalinas centellean al sol
que de boca de dieciséis audaces
rociando alabanzas de entre sus fauces
rinden pleitesía con fulgor tornasol.

El emperador de la fuente, el señor,
cuello erguido frente a la canícula,
gritos, los de una fuente por sécula
un ánade que solo deleita almas.

Murmullos, pasatiempos de rapaces
el eterno sol comparte oro viejo
y sus lanzas de luz en un reflejo
donan al crepúsculo, tiernas paces.

Suceden las sombras en el reinado
cambiando crepúsculos de sonidos,
por esos apasionados cupidos
colmando de besos este ducado.

Y la fuente la vieja, la hermosa
fuente, simple escuchadora de paseantes
que vive reflejando astros distantes,

la que de no ser fuente seria diosa.

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